Intenta que el niño que fuiste no se avergüence del adulto que eres

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Todos nacemos sin malicia en el corazón, somos un alma pura que desconoce lo que es bueno y lo que es malo; al ir creciendo nos vamos formando un concepto de lo que debemos hacer o no, conforme a lo que nuestros padres y familiares cercanos nos enseñan.

Sin duda, la infancia es la mejor etapa que todos atravesamos; puede ser que algunos niños sean más afortunados que otros, sin embargo, la inocencia, la pureza, la nobleza, la sencillez, la sinceridad, y el deseo por experimentar cosas nuevas, hace que tengamos en la infancia una identidad y personalidad inigualable y única.

Todas estas cualidades son propias de los niños, estas permanecen en lo más profundo de nuestro ser si son bien «plantadas» a tiempo. Es por ello que es fundamental regresar al pasado para reflexionar sobre los niños que fuimos y los adultos que somos ahora ¿Por qué hemos cambiado tanto?, ¿Qué nos ha hecho perder la ilusión que tuvimos cuando éramos niños?, ¿Qué hemos hecho ahora que va en contra de nuestros valores?

Un pasado por rescatar

Tal vez las respuestas a estos interrogantes puedan ser millones; podemos decir que las experiencias dolorosas, las malas compañías, los placeres y otras cosas han ido modificando nuestro camino y forma de ser. Por ello es que hemos perdido la esencia con la que nacimos, al darnos cuenta que la vida tiene muchas adversidades, riesgos y problemas que nos provocaron cambiar de repente, convirtiéndonos en personas adultas más frías, desoladas y egoístas. Incluso, podemos avergonzarnos de los adultos que somos.

¿Cómo rescatar nuestra esencia de la infancia?

1 Valora cada momento

Sin temor a equivocarme muchos de los adultos viven sus vidas sin disfrutar su presente, pareciera que tienen prisa por cumplir con sus responsabilidades y obligaciones, sin detenerse un poco para disfrutar de las maravillas de la vida. Cuando somos niños el tiempo vale oro, cada día que amanece es un nuevo comienzo, el cual motiva a conocer y realizar cosas diferentes, construyendo aprendizajes significativos.

Regresa a lo más profundo de tu niño interior, ese niño que no se preocupaba por nada más que por jugar, experimentar y conocer; date tiempo para disfrutar de las bendiciones que tienes, de ver los maravillosos paisajes, de sentirte afortunado por tener salud y una nueva oportunidad para ser una mejor persona.

2 No te contradigas

Existen muchas campañas publicitarias que tienen el objetivo de provocar un cambio de mentalidad a todas las personas, sobre las acciones que cometen los adultos que van en contra de los valores que aprenden los niños durante su infancia.

En realidad la mayoría de los adultos algunas veces están obligados a realizar cosas que en verdad no están de acuerdo, con tal de no contradecir a las personas a su alrededor cuidando un interés de por medio; incluso hacen cosas que no quieren por temor a perder el prestigio o el éxito, olvidándose de los valores que aprendieron durante su infancia.

Recuerda que todos somos diferentes, únicos y especiales, aleja tus miedos al expresarte tal cual eres solo por agradar a los demás. Pon un alto a esas acciones y hábitos en las cuales te ves obligada a modificar y que van en contra de tus propias creencias. Regresa al niño que fuiste, ese niño que no tiene miedo a expresar sus ideas, opiniones y no le importa lo que piense la gente, ese que es auténtico.

3 Corre riesgos

Todos los niños son aventurados, atrevidos y elocuentes, no tienen miedo a tomar riesgos, ya que no saben los peligros a los que se pueden enfrentar. Regresemos a esa inocencia de la infancia; para salir de un problema, adversidad o cualquier situación desagradable, se deben correr riesgos al tomar decisiones.

Actúa conforme tus creencias y valores, enfócate en las cosas positivas que existen cuando tomas decisiones que crees son las mejores, ¡como un niño! ¿Qué es lo peor que puede pasar? Elige acciones sin tanta vuelta o premura, siempre y cuando todo lo que hagas no afecte a los que amas o a las personas que te rodean.

4 Vuelve a la sencillez

No tiene nada de malo querer ser el mejor, luchar por tener más cosas; incluso poseer la última tecnología para estar a la moda;  los tiempos van evolucionando y provocan que pensemos que necesitamos cosas para estar mejor. Sin embargo, los niños en realidad no se fijan en eso, ellos son sencillos y no necesitan más de lo que tienen para sentirse felices.

Por tal razón, creo que es momento de reflexionar y analizar lo que realmente necesitas para estar bien, sin necesidad de cambiar tu estilo de vida solo por agradar a otros o permanecer a un grupo social. ¡Sé tú mismo!, que no te avergüence la sencillez, lucha por lo que quieres pero no por ser un reflejo de alguien más, sino porque así lo deseas.

5 Ríete de ti mismo

Una de las cosas que más añoro de mi niñez, es que a pesar de las tristezas o problemas que experimenté, al corto tiempo mi sonrisa volvía como si fuera magia. Como adultos que somos, muchas veces dejamos que los problemas y adversidades nos alejen de ser felices, de disfrutar y reír de la vida y de uno mismo.

Vuelve a sentirte como un niño, deja a un lado los problemas por un momento y disfruta de los momentos agradables. Vuelve a sentir esa paz que tenías cuando dormías en la cama de tus papás; trata de ser positivo y alégrate todo el tiempo y verás que tus preocupaciones disminuirán.

Rescatemos ese niño interno, ese que dejamos en el olvido. Vuelve a sentirte feliz, ve la vida con más calma, sencillez y alegría; que no te derrumben los problemas, ya que siempre habrá un mañana para aprender y conocer cosas nuevas ¡No dejes de ser un niño con disfraz de adulto!

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